¿Qué ley necesitan l@s niñ@s en México? comentario de Katia D’Artigues El Universal/México

Katia D’Artigues Beauregard nunca quiso ser columnista política. Quería ser monja, ingeniera, arqueóloga, historiadora, filosa.. digo, fil� …

Martes 16 de septiembre de 2014

Con el tiempo medido, sin una consulta a profundidad, en México se espera que tengamos una nueva ley que garantice —o al menos eso esperamos que resulte— los derechos de niñas, niños y adolescentes para fines de este mes patrio.

Enrique Peña Nieto decidió ejercer por primera vez su derecho a mandar una Iniciativa Preferente que a eso obliga al Senado: a discutirla en 30 días; luego la Cámara de diputados tendrá otros 30 días.

El resultado es que senadores y senadoras han trabajado todo el puente (ya no se diga sus equipos); muchos coinciden en que hay que meterle mucha mano a la iniciativa presidencial porque sigue contemplando a niños, niñas y adolescentes como sujetos de mera protección y asistencialismo sin garantizar sus derechos ya reconocidos en la Constitución y muchos tratados internacionales firmados por el Estado.

Esto es particularmente cierto para los y las niñas con discapacidad en México. Ellos en pleno siglo XXI siguen viviendo, mayoritariamente, en ghettos “modernos”, excluidos del contacto con niños sin discapacidad. Un mal resultado para ambos y para la futura sociedad que seguirá creyendo que está bien hacerlos a un lado para “protegerlos” y negándose a construir una sociedad para todos (que tarde o temprano usted que lee esto necesitará por el sólo hecho de que vivimos más y estadísticamente todos tendremos una discapacidad los últimos 9 años de nuestra vida).

Siguen sin acceder a una educación (un porcentaje cinco veces mayor a sus pares sin discapacidad) cuando pueden aprender, siguen viviendo con violencia (de 3 a 5 veces más) y esto hay que pararlo.

Implica cambiar de paradigma, algo que ya han hecho muchos países no sólo de Europa, sino de Latinoamérica: ver a los y las niñas con discapacidad como mexicanos con plenos derechos que pueden crecer, si los dejamos.

Es, grosso modo, hacernos dos preguntas: cuando con tanta facilidad decimos que los y las niñas con discapacidad no pueden, ¿en realidad de quién estamos hablando? ¿De las niñas y niños que no pueden o de muchas instituciones y la sociedad que no están preparadas y no saben cómo?

La respuesta es la segunda y hay que apoyar para que sepan, sepamos, cómo sí se puede hacer en lugar de negar, de entrada, un derecho. Es tener una visión garantista y no de exclusión. Es contemplar que si bien los niños y las niñas sí necesitan mejor y más rehabilitación, no es lo único: si bien ése es el primer paso hay que trazar una ruta para que estudien, sean escuchados y se preparen para el trabajo que pueden tener.

El Senado tiene ya una propuesta para incorporar esta visión; contamos con que lo hagan.

 

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