Con algún tipo de retraso, 25% de menores de 5 años (La Jornada/México)

Por  Ángeles Cruz Martínez, publicado en La Jornada

Las alteraciones en el desarrollo infantil representan un problema mundial del que poco se conoce, a pesar de que tienen impacto negativo en el desempeño escolar, la capacidad para establecer relaciones sentimentales e incluso para la prevención de accidentes.

En México, alrededor de 25 por ciento de los niños menores de cinco años presentan algún tipo de retraso, como que a los 2 años aún no hablan o llegan al año y tres meses sin la habilidad para caminar.

Estas, que pudieran parecer situaciones comunes, sin importancia, representan un problema que limita a las personas para alcanzar su máximo potencial de desarrollo, advirtió Antonio Rizzoli, jefe de la Unidad de Investigación en Neurodesarrollo del Hospital Infantil de México Federico Gómez.

Las instalaciones de dicha unidad, las cuales empezaron a operar hace dos años, se inauguraron ayer, en una ceremonia donde Rizzoli comentó que, con la finalidad de asegurar que todos los niños en el país se sometan a la prueba de evaluación del desarrollo (EDI), ahí se diseñaron los materiales y herramientas para uso del personal de salud.

A la fecha, el programa tiene una cobertura de 16 por ciento de la población y la meta es que en todos los consultorios del primer nivel de atención, como parte de la consulta del niño sano, se aplique la prueba EDI desde el nacimiento y hasta los cinco años de edad.

La mayoría de casos se resuelven con acciones de los papás

En la mayoría de los casos donde se identifique algún retraso, se puede resolver con recomendaciones a los papás sobre actividades que deben realizar con sus hijos, con el propósito de estimular su desarrollo, explicó Rizzoli.

Un niño o niña que a los dos años aún no habla tiene un retraso, y cuando llegue a la primaria se reflejará en sus calificaciones. La solución consiste en que desde el embarazo las madres se comuniquen con sus hijos, les platiquen, lean; luego los impulsen a pedir las cosas por su nombre y terminen con el dedo señalador.

Un adulto a quien le cuesta recibir y dar abrazos, expresar afecto, seguramente es porque no tuvo lactancia materna o mientras lo alimentaba la mamá realizaba otras actividades, en lugar de mirar y acariciar a su bebé, comentó.

Con respecto a la prevención de accidentes de tránsito, dijo que entre las causas de los percances está que las personas no gatearon cuando eran bebés. Resulta que al gatear se separa el movimiento de cuello y manos, por lo que mejora la coordinación. De ahí que cuando se conduce el automóvil las personas que gatearon en su infancia tienen mayor facilidad de voltear hacia un lado sin necesidad de virar el volante.

El investigador resaltó que la unidad de investigación del Hospital Infantil de México es la primera en su tipo y de su trabajo se obtendrán datos duros sobre los problemas del neurodesarrollo infantil en el país, el cual enfrenta en esta época otro reto con el arribo de la tecnología y el uso extendido de teléfonos celulares y tabletas desde la infancia.

A causa de esos dispositivos, comentó, las familias ya no se comunican en forma verbal, sino con mensajes de texto que despersonalizan las relaciones. Y en el caso de los menores de cinco años, los papás deben comprender que las tablets no son para pacificarlos, sino el medio para desarrollar habilidades y facilitar la comunicación con ellos.

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