Niño pobre, discapacitado y sin educación (El País/Madrid)

Por Alejandra Agudo, publicado en El País

La Campaña Mundial por la Educación denuncia la falta de acceso a formación para los menores con discapacidad en el mundo

Fernando Luis Aragón tiene 21 años y trabaja como ayudante de producción en la editorial Comunicarte, en Santa Cruz (Bolivia). Empezó hace tres años y hoy es encargado de una máquina de pliegos. Su historia podría ser la de cualquiera si no fuera porque este joven tiene deficiencia visual y motora. Pudo estudiar gracias a un programa piloto en su ciudad para la formación y posterior inclusión laboral de personas con discapacidad. La experiencia de Aragón es, sin embargo, todavía anecdótica sobre todo en los países en desarrollo, donde los esfuerzos se centran en lograr la educación primaria universal, pero carecen de programas adaptados para niños y adolescentes con necesidades especiales. Lo que se traduce en que la tasa de menores con discapacidad no escolarizados es mayor que la de los que no la tienen, según revelan diversos estudios nacionales en algunos de estos países.

La Campaña Mundial por la Educación, una coalición internacional formada por ONGs, sindicatos del entorno educativo, centros escolares y movimientos sociales de casi cien países, ha querido poner este año el foco en la importancia de la educación inclusiva orientada a los niños con discapacidad. “Los pocos datos que hay muestran que son el grupo más excluido. No son la mayoría, un 5%, pero son los que sufren de manera más drástica la falta de voluntad política”, afirma Luis Arancibia, director de Entreculturas, organización jesuita que coordina la campaña en España. La Organización Mundial de la Salud calcula que hay 93 millones de niños con algún tipo de discapacidad. La mayoría, dice, se concentran en países de renta baja y media. Si, como afirman los organismos internacionales como la ONU, la educación es clave para salir de la pobreza, estos pequeños con pocas o nulas oportunidades de ir a la escuela, no tienen salida.

Sirve de ejemplo Uganda, uno de los pocos países que dispone de información suficiente para comparar las tasas de alfabetización juvenil entre los niños con y sin discapacidad. “En 2011, cerca del 60% de los jóvenes sin deficiencias reconocidas estaban alfabetizados, frente al 47% de los que padecían alguna deficiencia física y el 38% de los afectados por trastornos mentales”, recoge el informe de seguimiento Educación Para Todos 2013 de la Unesco. Otro de los países analizados por este organismo, Irak, arroja resultados parecidos. “En 2006, el 10% de los menores de entre 6 y 9 años sin riesgo de discapacidad no había ido nunca a la escuela. Una proporción que ascendía al 19% entre los niños con deficiencias auditivas y al 51% de los niños más seriamente amenazados por discapacidades mentales”, se lee en el documento que destaca, además, que los pequeños en riesgo de sufrir discapacidades son los que tienen menos posibilidades de ir a la escuela.

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