Salud Mental, un asunto de acceso /texto de Ana María Tijerino RSF-Animal Político-México)

  • La psicóloga hondureña del equipo de emergencias de Médicos Sin Fronteras, Ana María Tijerino, reflexiona sobre la importancia de la salud mental a raíz de la celebración del Día Mundial de la Salud Mental el 10 de octubre.

 

Ana María Tijerino / Animal Político 11 OCTUBRE, 2012 

Hoy las enfermedades de salud mental tienen alta prevalencia en las poblaciones, pero en general pasan desapercibidas por los sistemas de salud. Se calcula que una de cada 4 persona experimentará algún tipo de depresión en su vida, se calcula que entre 400 a 500 millones de personas actualmente sufren de alguna enfermedad mental o neuropsiquiatrita, y si a esto agregamos los índices de carga de enfermedad, y consideramos que la depresión está entre las tres primeras causas de incapacidad para miles de personas, entonces podemos comenzar a pensar que la atención a la salud mental no se trata solo de Freud, y se ajusta muy bien al lema del día mundial de la salud mental: “Invertir en salud mental”.

Dentro de MSF -una organización que hasta hace no muchos años sus intervenciones eran netamente médicas-, los programas de salud mental comienzan a ser parte del paquete de atención integral que ofrecemos a nuestros pacientes: víctimas de violencia, de conflictos armados o desastres naturales. Psicólogos, psicólogas y psiquiatras acompañan a los equipos de intervención médica, integrando la atención de salud mental en la atención médica primaria, con el objetivo no solo de garantizar la atención a aquellos que vienen buscando ayuda porque sus síntomas se convierten en insoportables, sino también garantizando la detección (de preferencia temprana) del malestar psicológico de muchos de nuestros beneficiarios.

Creo que como organización hemos y estamos dando pasos en dirección a poder hacer accesible la salud mental, a la detección y el tratamiento del malestar, de esos trastornos, de esos síntomas, de ese sufrimiento muchas veces invisible, de esta enfermedad que acarrea incapacidades, hemos comenzado a dar voz a los sin voz, y si por esta razón me apasioné por MSF hace algunos años, hoy es la razón por la que continúo en la batalla.

Eran las 8 de la noche, estábamos preparándonos para partir. La consulta médica estaba desbordada, un solo médico, más de 150 consultas durante esa tarde, la gente en la sala de espera comenzaba a desesperarse, un hombre trae a una mujer en brazos,  desorientada, apenas podía enfocar la mirada, había caminado durante todo el día, no había comido, cargó a su niño de 2 años en brazos mientras el padre cargaba al de 4, las fuerzas la habían abandonado, aunque teníamos más de 10 horas de estar ahí, junto con el médico decidimos quedarnos. Ella permanece en la camilla, cuando recupera fuerzas comienza a llorar, su cuerpo comienza a temblar, hiperventila, el médico me llama, no sabe qué hacer. Me siento junto a ella, el traductor también esta ahí, va a traducir. En medio del caos de la clínica, después del éxodo que ha vivido, de la angustia de llegar a otro país que no es el suyo, de haber dejado todo atrás, familia, casa, con la esperanza de dar seguridad a su familia, a su vida… Ella me ve y sabe que no hablo su idioma, pero la voz del traductor también esta ahí… Intervengo con ella, como un médico daría los primeros cuidados a un enfermo, hago los primeros auxilios psicológicos, en la terminología técnica, le escucho, voy a quedarme con ella, trabajaremos su crisis, su angustia, ese momento donde su capacidad de hacer frente se ha desbordado…

En la clínica aun no disminuyen los pacientes, aun hay llanto de los niños con fiebres y diarreas, padres que cargan a los bebés, ancianos sentados con rostros cansados… Ella aun permanecerá más tiempo en la clínica, son las 10pm: “thank you doctora” la oigo decir al despedirme. A la mañana siguiente me visitará…

No hace muchos años las intervenciones de salud mental eran vistas como una exportación de occidente, como un lujo para aquellos que se mostraban aburridos de sus vivencias cotidianas, hoy sabemos que no afectan únicamente a una pequeña proporción, ni tan solo a un grupo privilegiado, al contrario, su rango de alcance y de personas que sufren de trastornos psicológicos, es inmenso. En países en desarrollo, donde las inversiones en salud mental son mínimas (únicamente el 1% de los presupuestos de salud son destinados a programas de salud mental) hacen que quienes sufren de estas enfermedades permanezcan en la sombra, y es que 90% de personas con algún tipo de enfermedad mental no tienen acceso a tratamiento, es una cuestión de acceso, no de lujo.

Hacen falta muchos esfuerzos por parte de los profesionales, de las organizaciones, de los responsables de políticas, para comenzar a invertir en la salud mental; de la misma manera que hemos llamado la atención en enfermedades como VIH – SIDA, tuberculosis, malaria, así como la salud materno infantil ha pasado a ser prioridad en las agendas de salud, posiblemente sea el momento de invertir, no solo mostrando la prevalencia de los trastornos de salud mental, sino también invirtiendo en aquellas intervenciones que han demostrado ser efectivas.

Posiblemente también sea el momento de mostrar la relación costo – efectividad en relación a la inversión en salud mental. Intervenciones con un alto involucramiento de la comunidad y de la sociedad en el tratamiento de trastornos mentales, que han mostrado ser efectivas y de bajo costo, que influyen en el bienestar de la persona, que previenen no solo de una recaída, sino proveyendo a la persona de nuevas maneras de afrontar su dolencia, su malestar. En contextos donde el “curar” esta inmerso en espacios de violencia continua, y la población esta constantemente expuesta a estos estresares; sociedades en donde la violencia empaña diariamente las interacciones cotidianas, donde acarrea graves consecuencias en todas las esferas del individuo, ahí, las intervenciones de salud mental no solo son necesarias, sino que marcan un antes y un después en la vida del individuo.

Aun recuerdo cuando comencé a trabajar en MSF, en las calles de Tegucigalpa, hace 7 años, en la oficina había un afiche que me impactaba mucho, era la fotografía de un anillo que tenía como piedra, no un diamante, sino una píldora, y decía: “los medicamentos no deberían ser un lujo”.

Luego de muchos años de trabajo en MSF y haber recorrido distintos contextos, Filipinas con desplazados internos; Guatemala, sobrevivientes de violencia sexual; Libia, con ciudadanos afectados por la guerra; Líbano, con refugiados sirios, todavía hoy recuerdo aquella imagen del afiche y pienso en estas intervenciones de salud mental, en el tabú que ha acompañado a este componente; en las luchas, batallas libradas para ofrecer no solo la pastilla que cura el dolor de espalda o de cabeza, sino poder ofrecer un espacio para sanar y afrontar el dolor que aprisiona e impide a la persona su funcionalidad, enfrentar esos síntomas, que le impiden cosas tan simples como salir de la cama en las mañanas, que le impiden respirar, dormir, que le hace golpear a sus hijos, la sensación de perder el control, la angustia que no se puede expresar, entonces el afiche aquel continúa teniendo sentido. Las intervenciones de salud mental en Médicos Sin Fronteras han tenido sentido, y es que la salud mental dejó de ser entendida como un lujo para pocos y se ha convertido  en una clara necesidad de acceso para muchos.

La batalla de visibilizar la necesidad de acceso a la salud mental se ha convertido, para mí, y afortunadamente para muchos otros, en un asunto de dar voz a los miles que sufren en silencio, aun marginados, aun solos y solas.

 

 

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