“Amigos”: 30 millones de europeos conocen ya esta historia

  • Repudiada o amada, ‘Intocable’ es ya la película francesa más vista de todos los tiempos

  • Basada en una historia real de amistad entre un tetrapléjico rico y su cuidador, un inmigrante, llega cargada de premios, entre ellos el César al actor Omar Sy.

Lola Huete Machado El País

Primero fue la buena vida aristocrática de Philippe Pozzo di Borgo; luego, el accidente, en 1993, practicando deporte al límite (parapente) para escapar de la presión del dolor ajeno, el que le producía ver agonizar a su esposa, Beatrice. Más tarde surgió la impotencia de la tetraplejia, el padecimiento físico, el deseo de morir… “Hasta el accidente, yo era un hombre en el mundo, afanoso de crear, de estampar mi marca en el curso de las cosas… He sido alguien. Actualmente estoy paralítico… Beatrice, que estás en los cielos, sálvame”. Pozzo di Borgo lo consiguió, hizo de su catástrofe personal obra: escribió en 2001 un libro sentido y exitoso, Le second souffle (que ahora reedita con un añadido, El demonio de la guarda, Anagrama). Además, el realizador J. P. Devillers convirtió en documental (À la vie, à la mort, 2002) su relación de dependencia con su cuidador (ese demonio del título) durante muchos años, el argelino “de arrabal” Abdel Sellou, quien según confiesa “le salvó la vida”. Hasta que un buen día de 2003, los directores Olivier Nakache y Éric Toledano se toparon con esta historia y ya no pudieron abandonarla nunca. “Nos impactó, teníamos que contarla”, nos dirán en Madrid, durante el preestreno en España de la película que finalmente han construido con estos mimbres (la cuarta en su haber). Se titula Intouchables (Intocable aquí, de la distribuidora A Contracorriente Films) y es la sensación en Francia.

 

Desde entonces repiten que su única pretensión era contar la relación aparentemente insignificante de dos hombres perdidos y solos que confluyen en un tiempo y un espacio. Uno móvil y otro inmóvil. Uno rico y otro pobre. Uno de palacio, otro de vivienda social. Dos clases, dos culturas. La mirada del potentado frente a la del habitante de suburbio. “Gente que en situaciones extremas no pierde el humor ni el optimismo”. Uno sano y vital, pero socialmente limitado, y otro socialmente influyente, pero discapacitado físicamente. ¿Por qué intocables? “Los dos lo somos por varias razones”, escribió el aristócrata. “Abdel se sintió marginado en Francia; al igual que la casta de los intocables en India, no se le puede tocar so pena de recibir un golpe, y corre tan rápido que los maderos solo una vez consiguieron acorralarlo… En cuanto a mí, detrás de los muros que rodean mi mansión de París (…) nada puede alcanzarme. Mi parálisis total y la falta de sensibilidad me impiden tocar…”.

Con esa base de realidad y sus propios ingredientes de ficción en situaciones y en diálogos cargados de sorna sobre Francia, los franceses, los habitantes de Dunkerque –que vienen a ser algo así como los sufridos de Lepe, pero con toque grandeur–, el arte y la música clásica de culto, la religión, la riqueza y hasta Hitler o la identidad nacional… los directores crean su propia pequeña gran historia. “Ante un inválido, uno tiende a sentir piedad, compasión. Nosotros no la sentimos. Nos acercamos al personaje con normalidad. Un hombre. Y basta. Lo mismo que al inmigrante, el cuidador”.

Ofrecieron el protagonismo a dos actores de registro diferenciado. Uno grande y conocido en el cine serio, François Cluzet; otro, Omar Sy, popular y televisivo (hombre de parodias y sketches en SAV des émissions, de Canal +), un francés de origen senegalés que levanta pasiones y al que ellos ya habían dirigido en filmes anteriores. Hasta en lo corporal los quisieron complementarios en sus papeles: uno, negro, corpulento, joven, guapo, de sonrisa engatusadora, ligón, terrenal; el otro, blanco, más mayor, cansado, impedido, lírico, culto, sentimental, con miedo a las relaciones físicas… Tan compenetrados ambos actores al afinar sus roles que su complicidad trascendió la historia. “No te olvides que actúas por los dos, yo no puedo hacer nada”, le decía Cluzet a Sy riendo durante el rodaje. “Mi personaje tiene sed de lo ordinario”, dice Cluzet, “está huérfano de amor… y llega él”. Así creció esta película, que ha hecho saltar por los aires la banca de la audiencia francesa. Recién estrenada en España, lo que ocurra aquí con ella, en verdad, sumará, pero no restará: solo en Europa es ya la película francesa más exitosa, camino de 30 millones de espectadores (Titanic oBienvenidos al norte tuvieron 20 millones en Francia) y 250 millones de dólares de recaudación. Ahora su objetivo es EE UU (donde se estrenará en mayo). ¿Tocará ‘Untouchables’ a los americanos?, titulaLe Monde.

¿Cuál es el secreto de tanto éxito? Eso andan preguntándose algunos a los que no les gusta el filme, analizando con lupa contenidos, frases, personajes, intenciones (como si de El acorazado Potemkin se tratara). Lo más socorrido: es estereotipado, clasista y hasta racista, y el que no lo vea es que es poco menos que un inculto insensible al alto valor del cine y a la discriminación y la lucha de clases (se ha dicho). El debate sobre si es así o no ha ocupado páginas en The New York Times, Libération, Première, Le Monde, The Guardian (que la llamó obra maestra de la comedia)… y en esa biblia cinematográfica que es la norteamericana Variety,asegurando que Intocable revive el espíritu de La cabaña del Tío Tom,que Sy hace de esclavo (sic) y que es inexportable al territorio decente de EE UU… Tal asunto no gustó nada a los medios franceses (hubo quien escribió columnas reivindicando su condición de fan: A mí me gusta ‘Intouchables’, ¿y qué?, en Libération), y menos al público inculto general, que entró en masa en las salas. Los primeros y más ofendidos, los propios habitantes de la banlieue y, se ve, muchos otros igual de periféricos (aunque vivan en el centro) que no vieron en el filme otra cosa que puro divertimento y una historia de amistad divergente y poco común interpretada con primor. Sin más. Muchos se han identificado con el personaje de Driss (incontrolable, amante de los coches, la velocidad, el sexo, la marihuana y la familia; bastante suavizado respecto al Abdel real, macarra a conciencia) y otros con el boca a boca han hecho de la película ley (también en Bélgica, Suiza y Alemania) al grito de “desde cuándo el cine tiene que ser solo sesudo si da energía, es positivo, hace soñar con un mundo mejor… que del peor ya hay bastante fuera”, decía una pintada sobre una publicidad en una valla de Berlín.

En esta polémica han hincado el diente hasta los políticos. En el Frente Nacional, el partido de Le Pen (extrema derecha), por ejemplo, le han dibujado caricaturas con rasgos de cerdo a Omar Sy, mofándose de su éxito. El mismísimo Jean Marie se atrevió a decir que el Clouzet tetrapléjico es la pura representación de Francia, y el inculto Sy, el prototipo del inmigrante del que nada bueno se puede esperar, y menos que salve a la patria. Y he aquí que esto ha tocado el corazoncito a un hombre de negocios y cine fundamental allá en Norteamérica, el productor Harvey Weinstein (quien apostó con éxito por la oscarizada The artist), que raudo ha comprado los derechos con posibilidad de remake caso de fracaso ante el muro afroamericano de lo políticamente correcto.

Hasta Sarkozy quiso llevar a su terreno el tirón del filme. Invitó al equipo al Elíseo, pero Omar Sy no fue, “por compromisos ineludibles”, se excusó. Hoy, tras recibir el César por su papel, ha ascendido al cielo en la categoría de mejor actor 2011 en Francia. En la gala, emocionado, el actor tras los agradecimientos, dio un par de giros jubilosos, al estilo del baile que se marca en la película al ritmo de la música de Earth, Wind & Fire. Y quizá alguien habrá visto ya en ese detalle intención o metáfora: de lo mucho que su vida va a cambiar o quizá de que Francia está a punto de ser devastada por un ciclón ¿de intocables?, ¿de negros?, ¿de inmigrantes que triunfan? Interpreten ustedes mismos.

‘Intocable’ se puede ver en España. El libro homónimo, de Philippe Pozzo di Borgo, está editado en Anagrama.

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